-Nunca se está en paz con los que nos hacen un favor, porque aunque se pague el dinero, se debe la gratitud.
-Para calzarse la capitanía hay que lisonjear un tanto a los patrones.
-¡Borracho!, eso me gusta; ¡ay de los que no gustan del vino!, tienen algún mal pensamiento, y temen que el vino se lo haga revelar.
-Los franceses tienen sobre los españoles la ventaja de que los españoles piensan y los franceses improvisan.
-El corazón de la mujer es de tal naturaleza que aunque árido y endurecido por las exigencias sociales, siempre guarda un rincón fértil y amable, el que Dios ha consagrado al amor de madre.
-hablad y, sobre todo, comenzad por el principio, porque me gusta el orden en todas las cosas. -Señor
-los reyes de ahora, encerrados en los límites de lo probable, no tienen la audacia de la voluntad, temen el oído que escucha las órdenes que ellos mismos dan, el ojo que ve sus acciones; no sienten en sí lo superior de la esencia divina, son hombres coronados, en una palabra.
-En otro tiempo se creían o a lo menos se decían hijos de Júpiter, y conservaban algo del ser de su padre; que no se plagian fácilmente las cosas de ultra-nubes. Ahora los reyes se hacen muy a menudo vulgares.
-Dantés no conocía más que su pasado, tan breve; su presente, tan sombrío, y su futuro tan dudoso.
-devorándolo como el implacable Ugolino devora el cráneo del arzobispo Roger en el Infierno del Dante.
-Aprender no es saber, de aquí nacen los eruditos y los sabios, la memoria forma a los unos, y la filosofía a los otros.
-La filosofía no se aprende. La filosofía es el matrimonio entre las ciencias y el genio que las aplica. La filosofía es la nube resplandeciente en que puso Dios el pie para subir a la gloria.
-Desengañaos…, sufro menos porque tengo menos fuerzas para sufrir.
-Sed sabio como Néstor, y astuto como Ulises.
-Cucumetto había violado a tu hija -dijo el bandido-, y como yo la amaba más que a mí mismo, la he matado, porque después de él iba a servir de juguete a toda la compañía. »Los labios del anciano no se entreabrieron para murmurar la más mínima palabra, pero su rostro volvióse tan pálido como el de un cadáver. »-Ahora -prosiguió Carlini-, si he hecho mal, véngala. »Y arrancó el cuchillo del seno de la joven, que presentó con una mano al anciano, mientras que con la otra apartaba su camisa y le presentaba su pecho desnudo. »-Has hecho bien -le dijo el anciano con voz sorda-. ¡Abrázame, hijo mío!
-tavolette son unas tabletas de madera que se cuelgan en todas las esquinas de las calles la víspera de las ejecuciones, y en las cuales están escritos los nombres de los condenados, la causa de su condenación y la clase de suplicio. Tienen por objeto invitar a los fieles a que rueguen a Dios para que dé a los culpables un sincero arrepentimiento.
-saliera por la puerta del Popolo, que diese la vuelta por el lado exterior de las murallas y que entrase por la puerta de San Juan
-todo su ser parecía obedecer a un movimiento maquinal en el cual no entraba ya para nada su voluntad.
-no os detengo, caballero -dijo la condesa-, porque no quiero que mi reconocimiento sea indiscreción.
-le miraría como a uno de los personajes de Byron, a quienes la desgracia ha marcado con un sello fatal. Algún Manfredo, algún Lara, algún Werner, como uno de esos restos, en fin, de alguna familia antigua que, desheredados de su fortuna paterna, han encontrado una por la fuerza de su genio aventurero, que les ha hecho superiores a las leyes de la sociedad.
-los malos no mueren así, porque Dios parece protegerlos para hacerlos instrumentos de sus venganzas.
-mis peones de México habrán descubierto alguna mina.
-Patros men aten, ma de onoma prodotu kai prodosiam, eipe emin.
-La vida es tan incierta, que la felicidad debe aprovecharse en el momento en que se presenta.
-Cuando vendiste a tu amigo, empezó Dios, no por castigarte, sino por advertirte. Caíste en la miseria y tuviste hambre, pasaste la mitad de tu vida codiciando lo que hubieras podido adquirir, y ya pensabas en el crimen, dándote a ti mismo la disculpa de la necesidad, cuando Dios obró un milagro, cuando Dios te envió por mi mano, cuando más miserable estabas, una fortuna inmensa para ti, que nada habías poseído. Pero esta fortuna inesperada e inaudita te parece insuficiente desde el momento en que empiezas a poseerla. Quieres doblarla. ¿Y por qué medio? Por el del asesinato. La doblas, pero Dios te la arranca, conduciéndote ante la justicia humana.
-¡Ah!, no crees en Dios, y Dios, que sólo exige una súplica, una palabra, una lágrima para perdonar… Dios, que podía dirigir el puñal del asesino de modo que expirases en el acto…, te concedió un cuarto de hora para arrepentirte… ¡Vuelve en ti, desventurado, y arrepiéntete!
-¡habré trabajado para ser mañana un poco de polvo! No siendo la muerte del cuerpo, esta destrucción del principio vital ¿no es el reposo al cual todos los desgraciados aspiran? Esa tranquilidad de la materia tras la que he suspirado tanto tiempo y a la que me encaminaba por medio del hambre
-¿Qué es la muerte para mí? Uno o dos grados más en el silencio. No, no es la existencia la que lamento perder, es la ruina
-Montecristo imprimió en aquella frente pura y hermosa un beso que hizo latir dos corazones a la vez; el uno con violencia, y el otro sordamente
-Obedeceré si me mandáis que levante la losa que cubre a la hija de Jairo. Caminaré sobre las ondas como el apóstol, si me hacéis señal con la mano de caminar sobre ellas, obedeceré en todo…
-Un hombre del temple del conde de Montecristo no podía estar mucho tiempo sumergido en la melancolía que suele reinar en las almas vulgares, dándoles una originalidad aparente, pero que aniquila las almas superiores.
-¡Cómo!, ¡una hora bastaría para probar al arquitecto que la obra de todas sus esperanzas era, si no imposible, al menos sacrílega!
-hasta el día en que Dios se digne descifrar el porvenir al hombre, toda la sabiduría humana estará resumida en dos palabras: ¡Confiar y esperar!






















